4 sept 2009

LOS SENTIDOS OCULTOS (o memoria de lo invisible)



Esto que vas a leer no es más que una pequeña historia. Una historia de historias, de esas que pasan en cualquier momento, en cualquier lugar, porque son historias de espacio y tiempo, de las que forman cualquier vida, de esas que están pasando ahora. Son historias sin principio sin final, como las que ocurren todos los días, a todas las personas. Son historias que no puedes leer con la vista, o escuchar con los oídos, porque estas historias te hablan desde otros sentidos, de esos que todos tenemos pero apenas conocemos...

(29/03/04)
Un día el duende bajó de su árbol. Sin aviso previo, simplemente se levantó de la rama donde estaba apoyado, saltó al vacío y aterrizó de golpe sobre un montón de hojas caídas. Tras esto se levantó y echó a andar. Y pensó que el tacto de la tierra húmeda era agradable, así que caminó despacio para concentrarse en esa nueva sensación...

1. LOS SENTIDOS DE MADRID (18 abril 2004)
Salgo de casa, adormilada por la oscuridad. Afuera, el día es diferente. O quizás no. Tarde de domingo. Una cualquiera.
Me gusta andar. Mientras camino me voy narrando mentalmente todo lo que veo, lo que pienso. Como si mi cabeza fuera un block de notas.
A veces camino sin rumbo fijo. Para mí, es lo mejor. Hoy me he marcado un recorrido. Es por mi orientación. Así memorizo los sitios y luego no me pierdo. A veces tengo una organización que roza lo excéntrico.
Paso delante de un hospital. Fuera, el silencio. Es una tarde muy silenciosa. Las calles que recorro hoy tienen poco tráfico, poca gente, pocos coches. Madrid es una ciudad grande, caótica, estresante. Madrid tiene mil caras. A veces me gustaría conocerlas todas. Creo que tengo un concepto algo bohemio de la ciudad. Es por las canciones de Ismael serrano. Otras veces odio este lugar. Y no me importan sus mil caras.
Sigo andando. A la izquierda, ciudad Universitaria. Hoy domingo, silenciosa y vacía.
Está nublado y hace aire. Es una tarde bonita, tiene un color raro. No sabría decirlo, es una tarde gris pero transparente. Hay nubes blancas en un plano, y por delante nubes oscuras. Muy recortadas, parecen un dibujo. Las miro y de repente me pican los ojos. No sé por qué. Es una sensación rara.
Madrid es la ciudad de la interioridad. De los momentos para uno mismo, pero nunca a solas, siempre rodeado de gente. Es ciudad de multitudes. Mil caras. Los lugares son muy distintos según quién los mire. Mi Madrid no tiene nada que ver con el Madrid de otros. No hay una única Madrid. Hay más de mil. Y mi Madrid es ésta. Mi Madrid es una tarde gris, es un paseo con principio y final. Es gris, y hace viento. Pero es bonita. Quizá porque es mía.
Llego a la Avenida Reina Victoria. Una tocaya. Me siento en un banco cualquiera. Enfrente de un muro cualquiera. Miro el reloj. El tiempo pasa muy deprisa. Saco un cuaderno y me pongo a escribir. En casa no puedo. Es por lo de la luz, y el aire. Aquí estoy a gusto. Y mientras escribo me olvido de la gente que pasa, y de los coches, y de las nubes y del viento. Me olvido del picor de ojos, y de las ciudades llenas de caras ocultas. Me olvido, aunque escriba sobre todo ello. Es raro. Pero ya he aclarado que la tarde de hoy es rara. Igual que las ciudades.
Vuelvo a mirar el reloj. Demasiado rápido. A veces me gustaría que no hubiera tiempo. Pero sólo a veces.
Es hora de terminar mi recorrido. Principio y fin. Como las tardes grises. Como las ciudades con mil caras. Como Madrid. Como todo.

1 comentario:

  1. (por si no lo habías pensado todavía) deberías publicar un libro con estas historias: me gustan, me dan nostalgia.

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